Normalmente las veces que he necesitado comprar ropa en Polonia me dirijo a los centros comerciales y busco lo que necesito en las grandes tiendas, ahí mi experiencia suele ser muy similar a la de México, un gran lugar donde no eres muy relevante para el empleado y sólo te ofrecerán ayuda si la pides, si no sólo te ignorarán. No obstante, cuando estaba embarazada me fue difícil encontrar tiendas de ropa exclusiva para mi estado pues sorprendentemente las grandes tiendas no tenían. Un día, caminando cerca del centro de la ciudad, mi esposo y yo encontramos una pequeña tienda de ropa exclusivamente para embarazadas, yo estaba que no cabía de felicidad, desafortunadamente, ese día ya era algo tarde y la tienda estaba cerrada, aún así yo estaba decidida a volver para comprar lo más que pudiera pues cada día mi panza era más y más grande y temía que un día simplemente ya no cupiera en la ropa que tenía.Mi plan inicial era volver en una semana al menos, pero los horarios de mi esposo nunca coincidían con los horarios de apertura de la tienda, harta de ver pasar las semanas sin poder ir, decidí ir sola, cuando llegué me di cuenta de que la persona que atendía era una amable señora de alrededor de unos 60 años, yo sabía que era una desventaja porque las probabilidades de que ella hablara inglés eran muy bajas, aún así decidí lograr mi cometido. Como lo había imaginado la señora no hablaba inglés, sin embargo ambas estábamos comprometidas a comunicarnos de alguna manera y lo hicimos más o menos exitosamente, todo iba bien hasta que encontré un pantalón que era bastante grueso, en ese momento estábamos en pleno verano y yo sabía que por el momento no lo necesitaba, pero mis últimos meses de embarazo serían en el otoño, así que no quería que el frío me tomara desprevenida, fue así que por señas le expliqué a la vendedora que quería probármelo, ella al verlo me vio con desaprobación y comenzó a explicarme por qué no era una buena idea, obviamente yo no entendí nada, así que insistí una vez más y ella volvió a negarse, entre todas las palabras que salían de su boca logré identificar la palabra “gorąco” (que se traduciría como “caluroso”) además de que noté cómo ella señalaba al exterior, fue en ese momento que entendí todo, ella no pensaba que fuera buena idea que yo comprara un pantalón tan grueso ya que era demasiado caliente para el verano polaco, entonces volví a insistir en que quería probarme la prenda e intenté explicar que la quería para el otoño, sin embargo ella nunca entendió, después de un rato “conversando” ella accedió no muy convencida, al final terminé comprándome el pantalón y mientras la señora intentaba meterlo junto con otras cosas a una bolsa, seguía negando con la cabeza sin entender mi decisión, yo salí de ahí sudando por todo el estrés pero satisfecha de mi compra.
Esta historia volvió a mi cabeza porque hace unas semanas en una clase con una alumna polaca, ella me empezó a contar que en una ocasión que fue a México tuvo que comprar ropa, pero como no tenía quien la acompañara, fue sola. Una vez en la tienda empezó a probarse diferentes prendas y, como no estaba muy segura de si eran una buena opción, optó por pedirle opinión a las vendedoras, grande fue su sorpresa cuando vio que ellas no estaban muy interesadas en expresar su perspectiva y sólo asentían cuando se les preguntaba algo, al final mi alumna salió muy insatisfecha pues no recibió comentarios como ella deseaba, entonces me comentó que en las pequeñas tiendas de ropa polacas es normal que las vendedoras expresen libremente su opinión, incluso si no se les pregunta, así que en más de una ocasión se puede escuchar comentarios del tipo “Ese color no te queda bien, mejor elige este otro” o “Te ves un poco gorda con eso” sin problema alguno. Su perspectiva me pareció muy interesante y me hizo comprender por qué en aquella pequeña tienda la señora estaba decidida a hacerme cambiar de parecer aunque nunca le pregunté lo que pensaba. También me hizo darme cuenta cómo en México las cosas pueden ser distintas (al menos en mi experiencia) pues puedes encontrar dos diferentes perspectivas, una en donde al vendedor no le importa qué te lleves y otra en donde te dirá cumplidos con cada ropa que te pruebes (sin importar cuán fea sea) con la única intensión de que compres. Al final, mi experiencia con aquella amable señora me resultó muy divertida pero aún así todavía no sé cuál prefiero, si la forma de Polonia o la de México.